sábado, 31 de marzo de 2012

Inconsistencias

Chato, como buen payaso, es un maestro de la deconstrucción o, dicho de otra manera, un especialista en descubrir las inconsistencias de un texto cualquiera empleando sólo lo contenido del propio texto. Y quien dice un texto dice una actitud. Y quien dice cualquiera dice los demás miembros de la academia.
Es un tocapelotas, vamos.
En esta ocasión, sin embargo, las víctimas de su agudeza no hemos sido nosotros, sino un grupo de señoritas que han saltado a las páginas de la prensa internacional al haberse despojado de su ropa en Davos, en invierno, en público y en protesta por la poca presencia de las mujeres en un foro político de tamaña importancia.
Algunos de nosotros sólo habríamos visto, además de los juveniles pechos, el peligro evidente de pulmonía, pero Chato nos ha deleitado con la hipotética reconstrucción dramatizada (no olvidemos que es un histrión profesional) de la última reunión de la célula feminista antes de tan sonada reivindicación. Es inevitable que se pierdan los matices de las voces aflautadas proferidas por un cuerpo de más de 130 quilos, pero espero que el sentido permanezca con la transcripción.
Las quejas, por cierto, pueden ser escritas aquí mismo. A buen seguro estará encantado de que se las hagamos llegar.
COMISARIA FEMINISTA: ¡Hermanas, el momento de la acción ha llegado! Hemos de emprender una acción ejemplar y ejemplarizante para protestar ante este mundo machista que no nos considera a las mujeres más que objetos sexuales.
FEMINISTA 1: Cierto, comisaria. Hay pocas mujeres en la cumbre y debemos llamar la atención de la opinión pública. ¿En qué has pensado, Comisaria?
COMISARIA: Vamos a protestar enérgicamente con pancartas en las manos y nuestros lemas pintados sobre los pechos desnudos.
FEMINISTA ROMERALES: ¿Es necesario? Mira que estamos en invierno.
COMISARIA: No importa que sea invierno. El bien común debe prevalecer, Romerales. Se tratará de una acción relámpago. Un pequeño comando se desnudará ante el palacio presidencial, agitará las pancartas y gritará las consignas. Tendrá que escapar rápidamente, en cuanto llegue la prensa pero antes de que lo haga la policía.
FEMINISTA 2: Me presento voluntaria.                
FEMINISTA 1: Yo también, hermana comisaria.
COMISARIA: Muy bien, muy bien, jóvenes mías. Vosotras seréis las encargadas de llevar al mundo nuestro mensaje sobre vuestros turgentes pechos.
FEMINISTA ROMERALES: Hay algo que no entiendo. ¿Por qué debemos desnudarnos?. Si protestamos porque los hombres nos consideran objetos… ¿Por qué hemos de enseñar el pecho como si trabajáramos en una barra americana? ¿No nos convierte eso, al fin y al cabo, en objetos sexuales? ¿No utilizamos los atributos de nuestro sexo igual que aquellos contra los que luchamos?
COMISARIA (con sorpresa e irritación): ¡Romerales, me estás saliendo muy reaccionaria! No estás remando en la misma dirección que tus hermanas. Debemos hacer este pequeño sacrificio para llamar la atención de los medios de comunicación. No sólo nuestra inteligencia está al servicio de la causa: también lo están nuestros cuerpos. Quien no piense así es que no está suficientemente implicada.
FEMINISTA ROMERALES: ¡Entonces yo también me presento para la misión, comisaria!
COMISARIA (suspira profundamente, toma a Romerales de los hombros y la lleva aparte): Mira, Romerales, no te lo tomes a mal pero tu ya pasas de la cincuentena y tus tetas, amén de pequeñas, andan caídas y arrugadas mientras que Feminista 1 y Feminista 2 son veinteañeras lozanas y llamativas, y sus copas tienen el tamaño perfecto. ¿No crees que ellas servirán mejor al propósito de la misión?
FEMINISTA ROMERALES: ¡Por supuesto, comisaria! No lo había valorado desde ese punto de vista. ¿Qué puedo hacer, entonces?
COMISARIA: Anda, vete a preparanos los bocadillos, y tráete un par de cervezas.

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