lunes, 31 de diciembre de 2012

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"Creo que sólo pueden ser de izquierdas aquellos que conservan la fe en el ser humano, en su bondad y en su solidaridad.
Cuando esa fe se ha perdido (o nunca se ha tenido), sólo resta intentar fijar unas reglas de juego semejantes para todos, de forma que (en la medida de lo posible) los abusos tengan su castigo y  todos tengan parecidas oportunidades de inicio para buscar su provecho, o, incluso, para ser morales. Algunos lo llaman a eso la ley de la selva. Yo lo llamo ser un liberal."

Martin Fieldstman


domingo, 10 de junio de 2012

Un teólogo en la muerte

Los ángeles me comunicaron que cuando falleció Melanchton le fue suministrada en el otro mundo una casa ilusoriamente igual a la que había tenido en la tierra. (A casi todos los recién venidos a la eternidad les ocurre lo mismo y por eso creen que no han muerto.) Los objetos domésticos eran iguales: la mesa, el escritorio con sus cajones, la biblioteca. En cuanto Melanchton se despertó en ese domicilio, reanudó sus tareas literarias como si no fuera un cadáver y escribió durante unos días sobre la justificación por la fe. Como era su costumbre, no dijo una palabra sobre la caridad. Los ángeles notaron esa omisión y mandaron personas a interrogarlo. Melanchton les dijo:
-He demostrado irrefutablemente que el alma puede prescindir de la caridad y que para ingresar en el cielo basta la fe.
Esas cosas las decía con soberbia y no sabía que ya estaba muerto y que su lugar no era el cielo. Cuando los ángeles oyeron este discurso, lo abandonaron. A las pocas semanas, los muebles empezaron a afantasmarse hasta ser invisibles, salvo el sillón, la mesa, las hojas de papel y el tintero. Además, las paredes del aposento se mancharon de cal, y el piso, de un barniz amarillo. Su misma ropa ya era mucho más ordinaria. Seguía, sin embargo, escribiendo, pero como persistía en la negación de la caridad, lo trasladaron a un taller subterráneo, donde había otros teólogos como él. Ahí estuvo unos días y empezó a dudar de su tesis y le permitieron volver. Su ropa era de cuero sin curtir, pero trató de imaginarse que lo anterior había sido una mera alucinación y prosiguió elevando la fe y denigrando la caridad. Un atardecer, sintió frío. Entonces recorrió la casa y comprobó que los demás aposentos ya no correspondían a los de su habitación en la tierra. Alguno contenía instrumentos desconocidos; otro se había achicado tanto que era imposible entrar; otro no había cambiado, pero sus ventanas y puertas daban a grandes médanos. La pieza del fondo estaba llena de personas que lo adoraban y que le repetían que ningún teólogo era tan sapiente como él. Esa adoración le agradó, pero como alguna de esas personas no tenía cara y otras parecían muertas, acabó por aborrecerlas y desconfiar. Entonces determinó escribir un elogio de la caridad, pero las páginas escritas hoy aparecían mañana borradas. Eso le aconteció porque las componía sin convicción.
Recibía muchas visitas de gente recién muerta, pero sentía vergüenza de mostrarse en un alojamiento tan sórdido. Para hacerles creer que estaba en el cielo, se arregló con un brujo de los de la pieza del fondo, y éste los engañaba con simulacros de esplendor y de serenidad. Apenas las visitas se retiraban reaparecían la pobreza y la cal, y a veces un poco antes.
Las últimas noticias de Melanchton dicen que el brujo y uno de los hombres sin cara lo llevaron hacia los médanos y que ahora es como un sirviente de los demonios.
FIN

domingo, 27 de mayo de 2012

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"Fairy Tales are more than true; not because they tell us that dragons exist, but because they tell us that dragons can be beaten"

G.K. Chesterton



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martes, 15 de mayo de 2012

Relatos semiolvidados: DONDE SU FUEGO NUNCA SE APAGA

No había nadie en el huerto. Con prudencia, sin hacer ruido con la aldaba, Harriet Leigh salió por el portón de hierro. Siguió el camino hasta el cerco, donde, bajo el saúco en flor, la esperaba el teniente de marina Jorge Waring.
Años después, cuando pensaba en Jorge Waring, Harriet volvía a sentir el dulce y cálido olor de vino de la flor de saúco y cuando olía flores de saúco, reveía a Jorge Waring, con su hermosa cara de poeta o de músico, sus ojos negros y sus cabellos pardo oliva.
Waring le había pedido que se casaran y había consentido. Pero su padre se oponía y ella había venido para decírselo y para despedirse de él; su barco partía al día siguiente. 
–Dice que somos demasiado jóvenes.
–¿Cuánto quiere que esperemos?
–Tres años.
–¡Todavía tres años antes de casarnos! ¡Estaremos muertos!
Lo abrazó para confortarlo. Él la abrazó más fuerte y después corrió a la estación, mientras ella volvía luchando con sus lágrimas.
–En tres meses estará de vuelta. Habrá que esperar.
Pero no volvió. Había muerto en un naufragio en el Mediterráneo. Harriet ya no temía una pronta muerte porque no podía seguir viviendo sin Jorge.

viernes, 27 de abril de 2012

EN PRO DE LA DESIGUALDAD

Dado que nos encontramos en un foro políticamente incorrecto los miembros de la Academia me instan a reproducir alguna de nuestas últimas sesiones, que han girado en torno al tema de la igualdad de género. El género, como como todo el mundo sabe, es una entelequia más fantástica aún que el sexo. Algo así como el sexo de los ángeles.
Todo viene como consecuencia de una campaña de un ayuntamiento (que no nombraré por respeto a los castellonenses) para que las mujeres que son objeto de malos tratos puedan identificarlos. Su finalidad, sin embargo, mucho nos tememos los miembros de la Academia, no es otra más que TODAS las mujeres se sientan víctima de malos tratos.
La imagen de la campaña es la de una margarita vista desde arriba en cada uno de cuyos pétalos se puede leer un lema a modo de sintomatología del maltrato.
Los pétalos/frases (entre otras de verdadero calado, claro está) que orlan la campaña son como las que siguen:
- No me deja vestir como quiero
- me castiga con su silencio.
- no me deja salir con mis amigas
- me desautoriza
- quiere controlar todo lo que hago
Si a estas alturas los casados (nota del autor: genérico, referido a maridados de cualquier sexo) aún no se han identificado es porque o bien no captaron la ironía o bien están todavía en la luna de miel.
Estoy felizmente casado desde hace quince años y han tenido que venir éstos a decirme que no, que estoy equivocado, que no soy feliz y que mi mujer podría ser una maltratadora.
¡Hay que joderse! Resulta que lo que todos entendemos como cotidiano en la vida conyugal es síntoma de maltrato. ¿No será esa la verdadera intención de la campaña?
Por fortuna los varones no tenemos derecho a sentirnos víctimas pero si yo fuera mujer ahora mismo me plantearía denunciar a mi mujer o, al menos, montar una asociación de damnificados por esa lacra que se llama matrimonio (otra nota del autor: evidentemente se trata de otra ironía).
Lo que voy teniendo cada vez más claro es que este tipo de mensajes ni son accidentales ni son inocuos. Resula sencillo verlos transversalmente en la administración del estado y en las líneas editoriales de los grandes medios de comunicación, en manos de los grandes grupos de capital que mueven el mundo.
¿A qué objetivo sirven estos mensajes? ¿Qué perseguirían esos tales grupos dominadores del mundo?
Responderé con más preguntas: ¿Qué supondría para los que realmente ostentan el poder que la institución del matrimonio y la familia desapareciera? O dicho de otra forma: ¿A quién serviría que el ciudadano de a pie careciera de un referente moral puramente privado e independiente? ¿Al ciudadano? ¿O al estado?

sábado, 7 de abril de 2012

La sociedad amenazada por la corrección política

"Marché con negros en los años 60 a favor de sus Derechos Civiles, antes de que estuviera de moda, pero cuando dije el año pasado que el orgullo blanco es tan importante como el orgullo negro, el rojo, o el de cualquiera, me llamaron racista; he trabajado con homosexuales de extraordinario talento durante toda mi vida, pero cuando dije que los derechos de los homosexuales no deberían ir más allá de los míos o de los vuestros, me llamaron homófobo".

Charlton Heston (sí, el del rifle)



sábado, 31 de marzo de 2012

Inconsistencias

Chato, como buen payaso, es un maestro de la deconstrucción o, dicho de otra manera, un especialista en descubrir las inconsistencias de un texto cualquiera empleando sólo lo contenido del propio texto. Y quien dice un texto dice una actitud. Y quien dice cualquiera dice los demás miembros de la academia.
Es un tocapelotas, vamos.
En esta ocasión, sin embargo, las víctimas de su agudeza no hemos sido nosotros, sino un grupo de señoritas que han saltado a las páginas de la prensa internacional al haberse despojado de su ropa en Davos, en invierno, en público y en protesta por la poca presencia de las mujeres en un foro político de tamaña importancia.
Algunos de nosotros sólo habríamos visto, además de los juveniles pechos, el peligro evidente de pulmonía, pero Chato nos ha deleitado con la hipotética reconstrucción dramatizada (no olvidemos que es un histrión profesional) de la última reunión de la célula feminista antes de tan sonada reivindicación. Es inevitable que se pierdan los matices de las voces aflautadas proferidas por un cuerpo de más de 130 quilos, pero espero que el sentido permanezca con la transcripción.
Las quejas, por cierto, pueden ser escritas aquí mismo. A buen seguro estará encantado de que se las hagamos llegar.
COMISARIA FEMINISTA: ¡Hermanas, el momento de la acción ha llegado! Hemos de emprender una acción ejemplar y ejemplarizante para protestar ante este mundo machista que no nos considera a las mujeres más que objetos sexuales.
FEMINISTA 1: Cierto, comisaria. Hay pocas mujeres en la cumbre y debemos llamar la atención de la opinión pública. ¿En qué has pensado, Comisaria?
COMISARIA: Vamos a protestar enérgicamente con pancartas en las manos y nuestros lemas pintados sobre los pechos desnudos.
FEMINISTA ROMERALES: ¿Es necesario? Mira que estamos en invierno.
COMISARIA: No importa que sea invierno. El bien común debe prevalecer, Romerales. Se tratará de una acción relámpago. Un pequeño comando se desnudará ante el palacio presidencial, agitará las pancartas y gritará las consignas. Tendrá que escapar rápidamente, en cuanto llegue la prensa pero antes de que lo haga la policía.
FEMINISTA 2: Me presento voluntaria.                
FEMINISTA 1: Yo también, hermana comisaria.
COMISARIA: Muy bien, muy bien, jóvenes mías. Vosotras seréis las encargadas de llevar al mundo nuestro mensaje sobre vuestros turgentes pechos.
FEMINISTA ROMERALES: Hay algo que no entiendo. ¿Por qué debemos desnudarnos?. Si protestamos porque los hombres nos consideran objetos… ¿Por qué hemos de enseñar el pecho como si trabajáramos en una barra americana? ¿No nos convierte eso, al fin y al cabo, en objetos sexuales? ¿No utilizamos los atributos de nuestro sexo igual que aquellos contra los que luchamos?
COMISARIA (con sorpresa e irritación): ¡Romerales, me estás saliendo muy reaccionaria! No estás remando en la misma dirección que tus hermanas. Debemos hacer este pequeño sacrificio para llamar la atención de los medios de comunicación. No sólo nuestra inteligencia está al servicio de la causa: también lo están nuestros cuerpos. Quien no piense así es que no está suficientemente implicada.
FEMINISTA ROMERALES: ¡Entonces yo también me presento para la misión, comisaria!
COMISARIA (suspira profundamente, toma a Romerales de los hombros y la lleva aparte): Mira, Romerales, no te lo tomes a mal pero tu ya pasas de la cincuentena y tus tetas, amén de pequeñas, andan caídas y arrugadas mientras que Feminista 1 y Feminista 2 son veinteañeras lozanas y llamativas, y sus copas tienen el tamaño perfecto. ¿No crees que ellas servirán mejor al propósito de la misión?
FEMINISTA ROMERALES: ¡Por supuesto, comisaria! No lo había valorado desde ese punto de vista. ¿Qué puedo hacer, entonces?
COMISARIA: Anda, vete a preparanos los bocadillos, y tráete un par de cervezas.

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viernes, 30 de marzo de 2012

El problema de creernos (todavía) orgullosos quijotes

Con frecuencia los españoles presumimos de carácter patrio: “Somos unos quijotes”, afirmamos con falso pesar y secreto orgullo. Porque nos dejamos llevar por ideales. Porque somos capaces de dejarnos la vida en defensa de los valores más elevados: libertad, independencia, solidaridad…
Hum, hum, hum. Dejemos por un momento a un lado las calidades literarias de la obra de Cervantes, y repasemos los logros de Alonso Quijano:
- Se creyó unos ideales que nunca habían sido reales. Los adoptó como propios cuando sólo eran invenciones de los creadores de best-sellers del 1600, auténtica comida basura para el alma.
- Arrastrado por tales “ideales”, engatusó y casi llevó a la ruina a un pobre proletario llamado Sancho Panza, al que llego a hacer creer que podría ser gobernador.
- Alegre y lleno de orgullo realizó un atentado contra una instalación fabril de importancia fundamental en La Mancha del siglo XVII como era un molino de viento. Atentado felizmente sin consecuencias.
- Creyó que una pobre campesina ignorante (antecedente honorable de las tristes chonis actuales) se iba a convertir en una celebridad digna de la prensa del corazón. Y casi la convence.
- Fue objeto de escarnio por parte de gentes crueles pero llenas de realismo que no tuvieron piedad con su estulticia.
- Malgastó toda su no muy grande fortuna, arruinó su nombre y su hacienda, y sólo al final de sus días, vencido por la enfermedad y la vergüenza, se reconcilió con la realidad.

Y…   seguimos orgullosos de cometer los mismos pecados que Alonso Quijano, pero multiplicados por mil.